La hostería del tesoro es uno de los libros de Ismael Lorenzo.
La sinopsis del libro es la siguiente:
El lugar: un pueblecito del viejo Oeste llamado Tombstone (Lápida) regido severamente por el famoso Pecos Bill, con el concurso del Sheriff Masterson y un puñado de hombres de valía . El enemigo: los malvados cuatreros del norte. Víctimas del sistema resultante: todos los habitantes de Tombstone, y en particular, un muchacho llamado Henry El Fullero. Su obsesión (la misma de tantos tombstonenses o lapidarios): huir a Pénjamo, donde las praderas parecen ser más verdes.
Prescidiendo de las peripecias extraliterarias, La Hostería del Tesoro es una obra cuyo sostén no lo constituye el mero contexto en que fue escrita y escamoteada a los atentos ojos del censor y del policía (y de donde algunos aseguran que nada bueno puede salir). De hecho, no ha venido precedida del bombo sensacionalista que ha apoyado la publicación de otras novelas de cubanos exiliados.
Puede decirse que Ismael Lorenzo ha escrito la primera novela pop cubana. Este elemento, presente ya en otras obras literarias latinoamericanas (Carlos Fuentes, José Agustín, Parménides García Saldaña ), se hace patente en La Hostería del Tesoro a través de la curiosa nomenclatura que sirve de máscara a la escurridiza naturaleza de sus personajes. Tenemos así no sólo a Pecos Bill y al Sheriff Masterson, sino también a Ringo Starr, Joe Palooka y otros de igual prosapia, inmersos en una permanente alusión a los recalentados éxitos del hit parade ibérico.
La novela de Lorenzo hace suyos igualmente los ropajes estilísticos de ese cúmulo de baratas novelas del oeste que desde hace muchos años se vienen publicando en España, y que en Latinoamérica suelen conformar en alto grado las lecturas de todo adolescente ocioso.
Pero si a primera vista parece que el autor de La Hostería del Tesoro ha leído muy bien a Marcial de Lafuente Estefanía, no es menos cierto que ha sabido asimilar a Kafka y a otros autores que de forma parecida abundan en el tema de la alienación contemporánea. La ironía y un marcado sabor generacional hacen de La Hostería de Tesoro algo más que un simple pastiche. Henry El Fullero, su personaje central, reprocha a sus mayores el mediocre destino que le ha tocado vivir, empleando estas palabras:
“Tú al menos puedes contar que atravesaste el desierto o buscaste oro en las montañas, pero yo siento que mi juventud pasa y no he podido hacer lo que he anhelado y ya las paredes de la hostería me parecen insalvables… Siento que todos estos años he estado luchando por sobrevivir, empleando toda mi energía en ello, pero sin llegar nunca a vivir realmente” .
Y agrega:
“Mi uníca esperanza es llegar a Pénjamo. No quiero pasar todos los días de mi vida haciendo lo que otro quiera, diciendo lo que otro ha pensado por mí… Tombstone no se ha hecho para mí. Se lo regalo entero al que le guste”.
A estas alturas, sin embargo, la posibilidad de huir clandestinamente a Pénjamo ha dejado de ser una alternativa aceptable para Henry. Llegado el momento, optará por permanecer en el afantasmado pueblo, donde ni la Gran Feria Fronteriza, con su galería de pintorescos invitados extranjeros, parece ser capaz de disipar el mortal tedio instaurado por Pecos Bill y sus secuaces. El Fullero, acostumbrado a vivir de milagros, se confiesa vencido:
“Hay un límite a la resistencia de cada uno. Si lo pasas, nunca más vuelves a ser el mismo. Cuando uno lleva mucho tiempo perdiendo, aun cuando gane alguna vez, lleva dentro de sí para siempre el sabor de la derrota”.
Al final de su obra, Lorenzo permite al lector atisbar la realidad que sustenta a esta pesadilla disfrazada de tira cómica. El Fullero, paseando entre los quioscos de la desoladora Feria Fronteriza, se da de bruces con el pintor Bellechasse, devenido traficante de prendas femeninas. La tenebrosa realidad y la fantasía más tenebrosa aún intercambian pocas palabras y se despiden, quizás para siempre.
Manuel Ballagas
En La Hostería del Tesoro, la atmósfera de pesadilla que reina en nuestra isla se ve reflejada de un modo efectivo, y trasladada a un ambiente de oeste norteamericano, juegos, tiras cómicas y películas de segunda categoría para niños precoces o de inclinaciones sadistas.
