ESPERANDO A GODOT es la obra más conocida del dramaturgo francés SAMUEL BECKETT, principal representante del Teatro del absurdo. Subtitulada como “Tragicomadia en 2 actos”, la acción transcurre en un camino en el campo durante dos tardes. Vladimir y Estragon están esperando a Godot, a quien no conocen de nada y del que no recuerdan ni haberlo visto alguna vez o hablado, realmente, con él.
Durante la aburrida espera, Estragon trata de persuadir a Vladimir de irse lejos o suicidarse, pero al final no hacen nada. El segundo acto mantiene una simetría, respecto al acto anterior, de espacio, tiempo, de los momentos en que aparecen los personajes y sus diálogos.
El teatro del absurdo es una corriente inscrita en el existencialismo, y ESPERANDO A GODOT explora mediante diálogos y acciones sin sentido la irrelevancia y repetición de la vida, el tedio y la carencia de significado de la vida humana. Una interpretación extendida del misteriosamente ausente Godot es que representa a Dios; esta teoría ha sido negada por el propio BECKETT, sin embargo el simbolismo sobre la divinidad y lo que ésta representa en la vida humana, la necesidad de tener que creer en algo que se supone que es una fuerza superior que nos ayuda a resolver la ignorancia humana (como la de Vladimir y la de Estragon) impregna toda la obra.
BECKETT esribió una obra que hoy, leída y representada, sigue teniendo vigencia. Vista hoy, es una profecía sobre la existencia y la humanidad contemporánea. ESPERANDO A GODOT es una de las obras más representativas del teatro experimental de los años 50, drama sin argumento y sin acción, continúa hablando a través de sus gestos, siempre medidos, mesurados hasta el extremo del ridículo. La influencia de BECKETT en dramaturgos posteriores, sobre todo en aquellos que siguieron sus pasos en la tradición del absurdo, fue tan notable como el impacto de su obra, incomprendida en su época.
El crítico Vivian Mercier resumió los dos actos de la obra en: “nada ocurre, dos veces”. “¡Nada ocurre, nadie viene, nadie va, es terrible!”, palabras de la propia obra. Es absurdo, es cómico y trágico, es ridículo, es la propia existencia humana.
